El arte de la fortificación y el de la expugnación de plazas fuertes vivieron en los siglos XVI y XVII una verdadera revolución con epicentro en los Países Bajos. A medida que el occidente europeo se fortificó, las guerras devinieron sucesiones de maniobras y asedios en los que las batallas campales solían producirse cuando uno de los bandos acudía al socorro de una plaza sitiada. En paralelo, el enorme coste en términos humanos y económicos de los asedios, que podían prolongarse durante meses, hizo que los ejércitos concediesen una suma importancia a las interpresas, vocablo de raíces francesas que designa a las operaciones militares destinadas a tomar una plaza fuerte enemiga por medio de un golpe de mano.

Las interpresas, que ocupan su propio lugar en la abundante y rica tratadística militar del Siglo de Oro, involucraban el espionaje y la astucia, pero también el desarrollo de nuevas armas y técnicas para atravesar con rapidez las modernas fortificaciones de traza italiana. Ora escalando los muros de una ciudad al amparo de la noche, ora derribando un portón con explosivos o entrando los soldados en la plaza enemiga disfrazados de campesinos, estas operaciones relámpago podían cambiar el curso de una guerra en unas pocas horas y a un coste mínimo, razón por la cual el militar y diplomático Bernardino de Rebolledo (1597-1676) escribió en su Selva militar y política la siguiente estrofa:

Las interpresas siempre son dudosas,

Mas como ahorran tanta costa y tiempo

No dejan de intentarse

Si en la plaza o su guardia

Se descubre defecto

De que se pueda prometer efecto

‘Las interpresas, o cómo tomar una fortaleza por sorpresa (ss. XVI y XVII)’, conferencia a cargo de Àlex Claramunt Soto, director de Desperta Ferro Historia Moderna. Sábado 18 de noviembre, 18 horas en DAU Histórico con Alpha Ares 2017.