Retroceso de la muerte

En todo reglamento de juego de guerra se dan situaciones que, debido a la propia dinámica de funcionamiento del juego, se alejan un tanto de la realidad a la que pretende simular. En otras ocasiones, y si el reglamento es bueno deben ser mínimas, se dan situaciones que pueden calificarse poco menos que absurdas. Este es el caso del retroceso de la muerte (traducción libre del inglés buttocks of death). A este artefacto producto del sistema de movimiento y combate de DBM ni siquiera se le puede aplicar la frase de "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia", pues en la realidad jamás se podría ver algo así.

Este retroceso consiste en situar un elemento propio tras la retaguardia de un elemento enemigo de manera que impida su retroceso y muera, pero arrastrando consigo a los hacedores de tamaña gesta. Es decir, suicidar un elemento realizando un movimiento emanado directamente del surrealismo daliniano. Es rigurosamente legal, pero cabe entender que ello es posible sólo porque los autores del reglamento no han encontrado una solución válida y equilibrada para prohibirlo hasta el momento sin que ello suponga perjuicios en otros aspectos del juego. Veámoslo.

SITUACIÓN: Los elementos A y B son del mismo bando y el segundo se halla en combate cuerpo a cuerpo contra el elemento 1. El elemento A se dispone a sacrificarse para arrastrar consigo al elemento 1. Para ello, realizará un ataque audaz y coherente con la lógica militar.

EJEMPLO 1: El elemento A sitúa su temible retaguardia en contacto con la frágil retaguardia del elemento 1. Ello impedirá el retroceso de este último en caso de perder el combate contra B, eliminando también al elemento A. Pero, para aquellos generales imbuidos por un espíritu especialmente puritano, y que consideran esta práctica intolerablemente similar a la que se atribuye tradicionalmente a los habitantes de la antigua ciudad de Sodoma, existe otra posibilidad.

EJEMPLO 2: Se trata de ofrecer el, todavía más temible si cabe, flanco. El resultado es el mismo para ambos elementos pero se añade la satisfacción de saber que la integridad posterior de las tropas sacrificadas permaneció incólume hasta el último momento.

Esta pseudo-táctica gana todo su sentido cuando de trata de eliminar a un general enemigo o para destruir al elemento que suponga la tercera parte de su mando de cara a desmoralizarlo.